Nadie les construía una escuela a los cangrejeros de Guayaquil, así que ellos la levantaron con sus propias manos

Issac Chalén tiene 13 años y se alista para su primer día de escuela. Su uniforme está impecable, sacude los zapatos deportivos negros, toma un bolígrafo de una antigua mochila y camina con prisa hacia el colegio. Está contento. Tiene la seguridad que esta ocasión terminará el año escolar. No es que antes no hubiese querido, le gusta escribir y se enorgullece cuando dice que es bueno en matemáticas. Pero hasta ese día, la comuna donde vive, llamada Punta de Piedra, no había tenido una escuela y las dificultades para llegar a la más cercana ha provocado que nueve de cada 10 niños abandonen el sistema escolar. Son pocos los jóvenes que han terminado el bachillerato. Se pueden contar con los dedos de las manos. Y quienes lo han logrado ha sido sacrificando separarse de las familias para vivir en Guayaquil.

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