Voté en contra

Voté por Xóchitl Gálvez, pero sobre todo ejercí un voto de castigo en contra de un mal gobierno.

Voté para castigar al gobierno por su pésimo manejo de la pandemia. Murieron más de 800 mil mexicanos, de los cuales 225 mil hubieran tenido posibilidades de sobrevivir de haberse rectificado una estrategia que la autoridad (López Gatell) marcó en 60 mil víctimas como máximo catastrófico. Fuimos el país con mayor número de muertos del sector salud: el gobierno no protegió a sus propios médicos, los mandó a la batalla sin equipo. Y en contraste: en medio de la pandemia mandaron un avión militar para traer del extranjero medicamentos no autorizados en México para uso exclusivo de los hijos y familia del presidente; en medio de la pandemia el gobierno autorizó la compra de ventiladores inservibles al hijo de Bartlett por cientos de millones de pesos; en medio de la pandemia el presidente dijo que la forma de evitar el Covid era no ser corrupto (al presidente, por cierto, le dio por lo menos dos veces…); en medio de la pandemia se encargó a Álvarez Buyllá una vacuna, que se dijo pronto estaría lista y tres años después no arroja todavía resultados; se prohibió que las farmacias y laboratorios privados hicieran exámenes de Covid; se resguardó por cinco años la información sobre las compras de las vacunas; Claudia Sheinbaum mintió al asegurar que nadie se quedó en la Ciudad de México sin ser hospitalizado cuando a decenas de miles los mandaban a morir a sus casas o los referían a hospitales fuera de la ciudad. Me parece que en cualquier país democrático con estos índices de descuido (que nos llevaron a una mortandad como no se había visto desde tiempos de la Revolución) se castigaría al partido responsable con el voto en contra, para examinar su actuación y sancionar si es preciso.

Voté para castigar a este gobierno por su negligencia criminal en el sector salud.

En seis años las personas sin servicios de salud pasaron de 34 a 51 millones. Centenares de miles se quedaron sin sus medicinas por la pésima política de centralizar la distribución. Encima de eso, la reiterada burla del presidente al compararnos con el sistema de salud de Dinamarca.

Voté en contra del desprecio del presidente por la democracia. Por la arbitraria disminución de sueldos y presupuestos (que contrastaron con el espectacular aumento a las Fuerzas Armadas) al Instituto Nacional Electoral, por sus andanadas en contra del expresidente del instituto, por sus desaseadas iniciativas de reformas —los llamados Plan A y B— cuya finalidad era que el gobierno volviera a hacerse del control de las elecciones; por sus reiteradas intromisiones en el proceso electoral, denostando a la candidata opositora, apoyando a la candidata oficialista, haciendo promoción indebida de sus actos de gobierno.

En seis años el presidente se reunió con cuanto jugador de las grandes ligas quiso ir a fotografiarse con él a su despacho. En cambio no tuvo tiempo para reunirse con ningún político de oposición en seis años. No concedió ninguna entrevista a un medio nacional independiente. Durante su gobierno murieron más de 45 periodistas asesinados. Ni un minuto tuvo para la oposición, pero en cambio López Obrador negoció con varios gobernadores del PRI: a cambio del apoyo a Morena en las elecciones estatales, inmunidad y embajadas. Todo esto, y su brutal actitud de insulto, desprecio y amenaza en contra de la prensa, deben castigarse. En cualquier país democrático se castigan los actos para limitar o inhibir la democracia.

Morena hizo un muy mal gobierno en esta su primera oportunidad. Si se le premia con una votación mayoritaria no será un juicio sobre su gobierno (las estadísticas muestran un aprecio por López Obrador y un desprecio de sus políticas), sino un apoyo al clientelismo, una abierta credulidad a la propaganda y un fuerte resentimiento. ¿Sólo eso? Añado una dosis de ignorancia, fanatismo, y también de interés legítimo.

Voté en contra porque por ningún lado vi la cuarta transformación. Hay más corrupción, nuestro crecimiento ahora es peor que con los denostados neoliberales, me consta que la calidad educativa ha disminuido significativamente. Salir a pasear a otras ciudades del país es ahora impensable por la inseguridad de nuestras carreteras, dominio de los grupos criminales.

Voté en contra de Morena con la esperanza de que pierdan la elección, sepan reconocer su derrota, de que sean capaces de hacer una transición limpia, que ellos mismos —desde la oposición— puedan limpiarse de tanto incompetente como se les adhirieron para llegar al poder. Voté contra Morena porque vi estrellarse su gobierno contra la realidad y pasar de la política a la mentira y la propaganda.

Voté contra Morena porque creo que la democracia se prueba en la alternancia. En la sana costumbre de contender, saber ganar, saber perder. Hago votos porque la elección del 2 de junio los mexicanos hayamos votado a favor de la alternancia y en defensa de la democracia.

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