Los equilibrios de la política interior de López Obrador: centralización y choques con el Poder Judicial

Pocos presidentes como Andrés Manuel López Obrador redefinen el cargo según su manera personal de concebir la política. No es la investidura presidencial la que determina al inquilino de Palacio Nacional: es el habitante el que moldea su entorno. Algunos lo llaman estilo de gobernar. En los casi seis años de la Administración obradorista, la política interior, el equilibrio de fuerzas entre las instituciones, eso que define en qué sitio del espectro democrático se ubica un país, ha experimentado una metamorfosis, un reacomodo. Como en los años del presidencialismo priista, y para agasajo de sus críticos, el mandatario saliente ha centralizado en su figura gran parte de la toma de decisiones de Estado y, con ello, ha atraído hacia él toda la atención y los dardos de los sectores críticos al Gobierno y de la oposición, como un pararrayos.

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