¿No la quieren en su tierra? Habitantes de Tepatepec no votarán por Xóchitl Gálvez

De niña, Xóchitl Gálvez vendía gelatinas y tamales en un pequeño pueblo del centro de México y ascendió en la política nacional con una historia de vida que muchos creían que la llevaría a la Presidencia.

Pero las encuestas muestran otra realidad. La exsenadora Gálvez está por detrás de Claudia Sheinbaum, la candidata del partido gobernante, para las elecciones presidenciales del 2 de junio.

Una reciente visita a su natal Tepatepec, un poblado agrícola enclavado en el estado central de Hidalgo, da pistas por qué la poderosa historia de vida de Gálvez no ha logrado cautivar al electorado ni ha conseguido dimensionar las prioridades de hoy de los votantes mexicanos.

A los habitantes de Tepatepec poco les importa la suerte de su paisana y están más concentrados en sus problemas cotidianos. El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido capaz de aliviar parte de las penurias de esa población con sus programas sociales, y eso ha beneficiado a su protegida, Claudia Sheinbaum, según los analistas.

Cuando Gálvez, ingeniera y empresaria de 61 años, entró en la carrera presidencial muchos de los adversarios de López Obrador vieron en ella la renovación de sus esperanzas y la posibilidad de retomar el poder después de que él fuera elegido seis años atrás.

La exsenadora Gálvez está respaldada por una coalición de partidos que conforman el conservador PAN, el PRI —que gobernó México durante 71 años— y el históricamente izquierdista PRD. Y, aunque comenzó su campaña como un fenómeno político, su popularidad ha ido disminuyendo.

Eso se palpa incluso entre algunos de sus paisanos, que han llegado a cuestionar la historia de vida de Gálvez, que comenzó en una modesta casa de adobe de Tepatepec.

“No es verdad que ella fuera pobre”, dijo la comerciante María del Socorro Mendoza. “Su papá era maestro y su familia era una de las que mejor vivían aquí”, agregó Mendoza, de 54 años, mientras acomodaba, junto a su hija, algunas verduras en un estante del mercado de Tepatepec.

Sin embargo, familiares de Gálvez dijeron a The Associated Press que el padre de la hoy candidata presidencial era un alcohólico al que se le iba el salario en bebida. Su hija Xóchitl, a los 8 años, tuvo que salir a la calle a vender tamales y gelatinas para ayudar a su familia, recordó una de sus vecinas, María de los Ángeles Acevedo, de 64 años.

Gálvez se rebeló a su padre, que también golpeaba a su mamá, y abandonó su pueblo a los 16 años para irse a la Ciudad de México a estudiar ingeniería de computación.

Aunque el padre de Gálvez, Heladio, trabajaba como maestro, su familia pasó apuros económicos por la adicción al alcohol de su padre, relató el primo de la exsenadora opositora Ramón Gálvez y recordó que su tío falleció en 2003 de una enfermedad terminal.

“A veces no sabíamos si había para la comida del día siguiente”, dijo Gálvez, de 65 años, al relatar como su tía, Bertha Ruiz, debió cocinar pasteles, tamales y gelatinas para venderlos en el pueblo y coser por encargo para alimentar a Xóchitl y sus otros cuatro hijos.

Desde uno de los cuartos de una modesta casa de paredes de abobe donde vivió la exsenadora en su infancia, su primo también defendió las raíces indígenas de la familia Gálvez, algo que ha sido puesto en duda por sus adversarios. Como prueba de ello, mostró una antigua fotografía de sus abuelos, que guarda en su teléfono móvil. En la imagen, se observa a la pareja vestida con trajes tradicionales. Ramón Gálvez recordó que ambos solían hablar en la lengua otomí.

Mientras Xóchitl Gálvez, que acostumbra a vestir huipiles bordados, ha utilizado su origen pobre y rural y sus raíces indígenas como arma política para distinguirse de Sheinbaum —una científica de clase media que nació en la capital mexicana— pocos en su poblado natal se atreven a hablar a su favor. Rechazan que Gálvez identifique a Tepatepec como una comunidad pobre, aunque admiten que en los tiempos en que la candidata vivió allí era un pueblo con muchas necesidades.

“Ella hubiera transcendido aquí si hubiera hecho algo por su municipio, pero no ha hecho nada”, afirmó Juana Manzo, una vendedora de verduras del mercado público de Tepatepec, mostrando su desacuerdo con la candidatura de su paisana. “Aquí no pinta nada”, agregó.

Manzo, de 55 años, admitió que no tiene mucho interés por las elecciones presidenciales debido a que no le llama la atención ninguno de los candidatos ni los políticos en general y se mostró desesperanzada por el futuro de México. “El país está acabado, cada día más delincuencia, cada día más el narcotráfico”, dijo.

El desencanto de algunos de los habitantes de su pueblo natal por los políticos mexicanos refleja parte de las dificultades que Gálvez ha enfrentado en la contienda.

“La candidata Xóchitl no despuntó”, dijo el consultor político David Saucedo. “No pudo articular un discurso que le permitiera obtener grandes donantes que apuntalaran su campaña”, agregó. Mientras su rival Sheinbaum ha contado con la poderosa maquinaria del partido gobernante Morena, que controla el Congreso y 22 de los 32 estados del país.

Según Saucedo, otro de los factores que afectó a la opositora del gobierno fueron los programas que mantiene López Obrador de ayuda económica a personas mayores de 65 años y a jóvenes, así como el plan de apoyo a los habitantes de zonas rurales, que aseguró que “tienen un impacto importante en la intención de voto de Morena”.

“En general la gente tiene muy poco interés en las propuestas de los políticos”, admitió el jueves Gálvez en un encuentro con la prensa extranjera en Ciudad de México al hablar de las dificultades que enfrentó en el proceso. Mencionó que le hicieron un “daño tremendo” los comentarios que hizo López Obrador en su contra en sus conferencias matutinas y los mensajes que se difundieron en algunos portales, que los atribuyó a una “campaña de guerra sucia”.

La opositora dijo que Sheinbaum contó con el respaldo de las gobernaciones oficialistas que la ayudaron a tener publicidad en todos los municipios del país, mientras ella debió costearse sus gastos publicitarios con el apoyo de los partidos que la respaldan y que le aportaron unos 25 millones de dólares.

Entre las dificultades la exsenadora también incluyó la situación de violencia que enfrenta México, y reconoció que le preocupaba que en 4 por ciento de las casillas del país la oposición no tendrá representantes porque aseguró que esas zonas las controla la delincuencia. “En ciertas regiones nos van a dar con la cubeta porque quien tiene control de esos espacios es la delincuencia organizada”, agregó.

La desilusión de los mexicanos por los políticos ha calado también en los pobladores de Tepatepec.

Gálvez suele utilizar un lenguaje sencillo cargado de jerga callejera y palabrotas que ni siquiera se consideran vulgaridades en el uso común del lenguaje, pero que a algunos de sus paisanos le ha resultado molesto.

“La forma como se ha expresado, yo como mujer me da pena y me da vergüenza, porque no es la forma correcta. Se expresa muy grosero”, comentó Manzo.

Si bien la historia de vida de la opositora está llena de adversidades, también acumuló éxitos que le permitieron graduarse de ingeniera en computación, levantar su propia empresa para proyectos de alta tecnología y después incursionar en la política, donde ha hecho una carrera de más de dos décadas.

Gálvez fue jefa de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas en el gobierno de Vicente Fox (2000-2006). Luego fue alcaldesa de la demarcación de clase media-alta Miguel Hidalgo, entre 2015-2018.

Es una política independiente con ideas progresistas que apoya a la comunidad LGBT+ y que se moviliza en bicicleta por la capital mexicana. Llegó al Senado en el 2018 de la mano del PAN aunque no se ha inscrito en esa organización.

Al defender su independencia dijo ante los dirigentes de ese partido el día que registró su candidatura presidencial: “No se enojen conmigo si no tengo una credencial, pero no tengo acta de matrimonio y llevo 30 años con el mismo marido”.

Según reconoció la exsenadora, su entrada en la contienda presidencial se dio poco después de que López Obrador le impidiera en junio pasado participar en su habitual conferencia matutina para responderle a un señalamiento que el presidente hizo en su contra, cuando la acusó falsamente de querer eliminar los programas sociales federales.

Tras negarle el acceso al palacio de gobierno, el mandatario comenzó a atacarla en su conferencia presidencial al identificarla como la candidata de los “conservadores” y “oligarcas”. La acusó de utilizar su origen pobre y lenguaje popular para “engañar” a los mayoritarios sectores populares.

Los ataques de López Obrador ayudaron a posicionarla en los medios y la escena política hasta convertirla en un fenómeno político. Ante los crecientes respaldos, Gálvez desechó la idea de competir por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, que era su plan inicial, y decidió inscribirse como candidata presidencial.

Aunque las cartas parecieran estar echadas para las elecciones presidenciales del 2 de junio, el consultor político Rubén Aguilar, que conoció a Gálvez desde que ambos formaron parte del equipo de Fox, se mostró confiado, y resaltó la tenacidad, inteligencia, constancia y fuerza que ha mostrado la candidata a lo largo de su vida para sobreponerse a los escenarios complicados.

“Si tu eres capaz de vencer el círculo perverso de la extrema pobreza, algo particular tienes”, afirmó Aguilar, pero admitió que su debe enfrentarse a un gran enemigo: la maquinaria política de Morena.

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