Más luz… pero en Belice

A lo largo de la administración del presidente López Obrador se desaceleró el crecimiento de la capacidad de la generación eléctrica, luego de que el gobierno cancelara las subastas de compra de electricidad de largo plazo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de los retrasos de la Comisión Reguladora de Energía para otorgar permisos de generación a proyectos privados que ya estaban planificados y que contaban con el respaldo de los ordenamientos jurídicos vigentes en la materia, cuando AMLO tomó posesión.

La CFE, en donde cobra como director general Manuel Bartlett, prometió agregar al sistema nacional 8 mil 600 MW de capacidad, a través de plantas de ciclo combinado, pero a la fecha no han entrado en operación, como sucede con otras obras que ha impulsado el gobierno de la 4T como la refinería Dos Bocas.

De acuerdo con datos del Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (Prodesen) 2023-2037, publicado por la Secretaría de Energía, en donde despachaba la zacatecana Rocío Nalhe, hoy flamante candidata de Morena y rémoras a la gubernatura de Veracruz, en 2022 la capacidad de generación del país creció apenas 1.1% a 87 mil 130 MW, mientras que la demanda máxima integrada al Prodesen, lo hizo en 4.9%.

Ante este escenario y por supuesto, debido al alto impacto del cambio climático que ya se conocía en el mundo, AMLO y sus “genios de energía”, no solo no previeron los Estados Operativos de Alerta y los Estados Operativos de Emergencia, además de la consecuente cadena de apagones en el territorio nacional, sino que, irresponsablemente, le está heredando a la próxima presidenta, un problema de gran envergadura, al no invertir en la construcción de más plantas eléctricas con energías limpias y en todo el respaldo de transmisión y distribución del fluido eléctrico.

Sin la infraestructura eléctrica y sin el respaldo de recursos presupuestales, se dejó una bomba de tiempo que estallará en los primeros meses de la gestión de Claudia Sheinbaum o de Xóchitl Gálvez.

Ah, pero eso sí, generosamente AMLO autorizó dotar a Belice del fluido eléctrico que se genera en México, para que atendieran su emergencia, total, se programarán más apagones en territorio nacional que provocarán millonarias pérdidas al sector productivo y listo, al fin que “estamos requetebién”.

Poco le importó al presidente que exista una sobredemanda de la energía eléctrica en el país, si lo importante es ayudar a Belice y a otros “socios estratégicos de México”, con otro tipo de ayuda, como ha sido el caso de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, entre otros.

Si se hubieran realizado las inversiones en el sector eléctrico necesarias, hace cinco años para atender la demanda nacional, en estos momentos se tendría un excedente en la generación de energía eléctrica que, por supuesto, atendería los efectos de las altas temperaturas, pero no se hicieron, no obstante que en teoría existe un supuesto gran ahorro, una gran bolsa de recursos, que se rescataron con motivo del presunto combate a la corrupción.

La tan manoseada soberanía energética impulsada por AMLO, Octavio Romero Oropeza de Pemex, y Manuel Bartlett de CFE, fue otra de sus grandísimas mentiras, ya que ahora estamos en una situación precaria y peor que al inicio de este sexenio.

La planeación del gasto público fue un fracaso porque se fracturó con las ocurrencias presidenciales, como el AIFA, Dos Bocas y el Tren Maya, con las cuales se dilapidó el dinero de todos los contribuyentes y de la contratación de más deuda pública como no se había hecho desde tiempos de Miguel de la Madrid.

La improvisación e ineptitud se reflejan en toda plenitud en lo que ocurre con las crisis eléctrica, hídrica y ambiental que se recrudecieron, obviamente, al final de este sexenio.

La rifa del tigre que se sacará cualquiera de las dos mujeres aspirantes es de tal envergadura que, para empezar, se tiene que aprobar una reforma fiscal que le inyecte más recursos a la economía y al mismo funcionamiento del gobierno y a todos los programas sociales que regalan el dinero público a la población, sin tener absolutamente ninguna posibilidad de revertir la pobreza y marginación en la que viven más de la mitad de los mexicanos.

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