Divergencias monetarias entre los grandes bancos centrales

Los grandes bancos centrales de los países desarrollados son globalmente importantes porque el impacto de sus acciones es internacional. Sus estrategias monetarias pueden influir en la inflación, los mercados financieros y el crecimiento económico del mundo. Además, sus prácticas suelen tomarse como referentes, no necesariamente ideales, para los bancos centrales de las economías emergentes.

Por su historia y la posible repercusión de sus decisiones, destacan el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), el Banco Central Europeo (ECB), el Banco de Inglaterra (BOE), el Banco Nacional Suizo (SNB) y el Banco de Japón (BOJ).

Contrario a lo que a veces se piensa, estos bancos centrales enfrentan desafíos que pueden diferir de los de sus pares. Tales discrepancias, inherentes a las realidades nacionales, se han manifestado en las características de la evolución de la inflación después de la pandemia del Covid-19.

En Estados Unidos, la eurozona y el Reino Unido, durante 2021, la inflación anual empezó a rebasar los respectivos objetivos, de 2 por ciento para el Fed y el BOE y menos de 2 por ciento para el BCE; durante 2022, alcanzó sus máximos, entre los cuales el mayor fue el de la zona euro y, aunque ha descendido, en 2024, se ha mantenido por arriba de las metas.

En contraste, en Suiza y Japón el fenómeno inflacionario ha sido más benigno y el rompimiento con los objetivos inició en 2022.  En Suiza, la inflación ha regresado al intervalo objetivo de 0 a 2 por ciento desde junio de 2023, mientras que, en Japón, la inflación ha bajado sin llegar a la meta de 2 por ciento.

El peso de los factores inflacionarios también ha sido desigual entre los territorios. Por ejemplo, el efecto en la inflación del alza en los precios internacionales de los energéticos en 2022, derivado de la invasión rusa en Ucrania, fue sustancial en la zona euro y el Reino Unido, menor en Estados Unidos y casi inexistente en Japón y Suiza.

Por ello, la atenuación del choque de los precios de los energéticos desde 2023 se ha traducido en un declive casi continuo de la inflación en la eurozona y el Reino Unido. En contraste, la inflación en Estados Unidos ha mostrado cierta rigidez a la baja durante 2024, lo cual podría responder, en parte, a la persistencia de una política fiscal expansionista, reflejada en un déficit público superior a 5 por ciento del PIB, en medio del auge del consumo personal y la inversión privada.

Por su parte, la fortaleza del franco suizo contribuye a explicar la reciente caída de la inflación en esa nación, mientras que la debilidad del yen, cuyo precio en términos de dólares estadounidenses ha bajado hasta un mínimo de 34 años, ha alimentado la inflación japonesa, fenómeno que ha aplaudido el BOJ, después de tres décadas de luchar contra la deflación.

Las trayectorias inflacionarias han implicado políticas monetarias heterogéneas, en parte como causas, pero principalmente como respuestas. En 2021, los cinco grandes bancos centrales subestimaron, en diferente grado, el peligro de la inflación, al juzgarla como un suceso de corta duración. Ello se vio reflejado en las distintas fechas de inicio del apretamiento monetario, el cual fue liderado por el BOE en diciembre de 2021, y seguido por el Fed en marzo de 2022, el SNB en junio de 2022, el ECB en julio 2022, y el BOJ en marzo de 2024.

Asimismo, el grado de apretamiento ha sido diferente, presumiblemente, como reacción a la elevación y los riesgos de inflación percibidos por los bancos centrales. Por ejemplo, el incremento acumulado en la tasa de interés de referencia del Fed y el BOE ha alcanzado 525 puntos base, a partir de niveles virtualmente de cero, y el del ECB ha sido de 450 puntos base, desde -0.5 por ciento.

En cambio, la menor inflación le permitió al SNB aplicar un apretamiento de sólo 250 puntos base, a partir de -0.75 por ciento. El regreso de la inflación al objetivo llevó a este banco central a ser el primero de este grupo en realizar, en marzo de 2024, un recorte en la tasa de interés de referencia de un cuarto de punto porcentual para dejarla en 1.50 por ciento. Finalmente, ese mismo mes, el BOJ incrementó su tasa de referencia por primera vez desde 2007, al pasarla de -0.1 por ciento a un intervalo entre 0 y 0.1 por ciento.

Este recuento sugiere que los grandes bancos centrales seguirán enfocados a combatir sus problemas de inflación, los cuales, al presentar características únicas, implicarán la continuación de las divergencias monetarias. Si bien no pueden ser indiferentes a las decisiones de sus pares, lo más seguro es que sus acciones continuarán dependiendo primordialmente de los datos y no de lo que hagan otros institutos centrales.

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