Una marea de mil víctimas pone cara al Me Too francés en el cortometraje de la actriz Julie Godrèche

Cuando en 2017 estalló el movimiento Me Too tras las denuncias contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein hubo un país que no ocultó sus recelos: Francia. En una carta pública, más de un centenar de mujeres del mundo de la cultura, algunas tan conocidas como la actriz Catherine Deneuve, expresaron sus reservas ante los efectos colaterales de las denuncias que llegaban desde Estados Unidos. Aquel complejo debate acabó siendo simplista, convertía a las mujeres estadounidenses en puritanas frente a las más resueltas europeas, una falsa dicotomía que siete años después ha quedado definitivamente zanjada. El Me Too ha llegado tarde a Francia pero con una fuerza amplificada en el arranque de la 77ª edición del festival de Cannes, que ha intentado en vano mantenerse estos años al margen de un movimiento histórico que no debería ceñirse al mundo del cine.

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