México en peligro (y el Presidente… tras María Amparo)

La encuesta publicada ayer por The New York Times deja poco espacio al optimismo: Donald Trump lidera en cinco de los seis estados clave para definir la elección de noviembre.

Varios de ellos, por paliza sobre Biden.

Hay que estar preparados para lo que al parecer es inevitable: ahí viene Trump, con nuevos bríos e ideas explícitas para castigar a México y hacer justicia por propia mano contra los clanes del narcotráfico.

Ya no es sólo el tema comercial y migración, sino destacadamente el tráfico de fentanilo.

Hay escenarios que, por extremos, solemos descartar a la ligera. La invasión a México está entre sus planes, para capturar a los capos y tomar puertos del Pacífico.

A él no le importa Ucrania ni la OTAN ni el liderazgo de Estados Unidos en el mundo. Le importa México.

Sabemos que una intervención armada necesita la aprobación del Congreso de Estados Unidos y que muy posiblemente los demócratas retengan la mayoría en el Senado.

También es posible que su idea de usar fuerzas especiales contra México sea blof. Es posible, pero qué tal si no.

Sobre esa cuerda caminamos.

Ante el riesgo enorme y la advertencia explícita de la agresión, se cumpla a cabalidad o no, México tendría que estar más unido que nunca, con una conducción serena e inteligente en Palacio Nacional.

Pero el Presidente trabaja en dividirnos y emplea su tiempo y energías en perseguir a una viuda para quitarle la pensión, en lugar de perseguir capos y desarmar cárteles.

No tiene la menor idea de lo que es ser un jefe de Estado.

Hay un agitador en la Presidencia, a la que llegó sólo “por su ambición de poder”.

Después del informe de la administradora de la DEA, Anne Milgram, el panorama es negro para México: el Cártel Jalisco Nueva Generación ya tiene presencia en todos los estados de la Unión Americana.

El Cártel de Sinaloa, que es el número uno del mundo, sigue en la exportación de drogas químicas que matan a más de 100 mil estadounidenses cada año.

Dice el informe de la DEA que el CJNG trabaja con relativa impunidad en México debido a su relación corrupta con funcionarios, jueces y militares.

Con todo derecho en México nos preguntamos cómo es que los cárteles de Jalisco y de Sinaloa lograron asentarse en los 50 estados del país vecino e inundar de drogas mortales a esa nación, sin que los supuestos campeones de la inteligencia puesta al servicio de la seguridad lo hayan impedido.

¿Por qué han sido tan negligentes en el caso de las organizaciones criminales mexicanas, dirigidas por semianalfabetas, que les han creado células en todo su territorio y las drogas que comercializan matan a más gente que cualquier grupo terrorista?

El punto, sin embargo, no es cómo se vean las cosas desde México, sino cómo las ven allá.

La salida lógica al problema es la cooperación binacional, pero eso está descartado porque la confianza, indispensable para trabajar juntos, se rompió en este sexenio.

Ahora los cárteles mexicanos son los jefes de los demás cárteles en cuatro continentes. Tienen franquicias compuestas por pistoleros nativos que envenenan a la población mundial e incluso matan a candidatos presidenciales (Ecuador).

No hay manera de defenderse ante la opinión internacional. Menos si se hace con arengas patrioteras inútiles y con el insólito respeto que el Presidente le profesa en público a los capos de los cárteles.

Si con ese respeto se dirige a ellos en público, ¿cómo será en privado?, se preguntarán aquí y más allá de nuestras fronteras.

Los datos señalan que Donald Trump está cada vez más cerca de llegar a la Casa Blanca.

Ya no es Trump con su antimexicanismo expresado en frases como “construye el muro”. Los migrantes mexicanos “son asesinos y violadores”.

Ahora promete, además de deportar a 11 millones de indocumentados, invadir México para arrestar a los capos del narco. Y tiene el respaldo explícito de gobernadores de estados poderosos e influyentes.

Dice la DEA que el CJNG mantiene el control de puertos marítimos, principalmente el de Lázaro Cárdenas, Manzanillo y Matamoros (nota de El Financiero del viernes).

El gobierno puso esos puertos a cargo de las Fuerzas Armadas. Trump ordenará tomarlos. ¿Qué va a pasar entonces?

La lógica nos dice que una agresión de esa naturaleza es inviable. Pero hay presidentes que responden a otras consideraciones, no necesariamente racionales ni comprensibles.

Hay que estar preparados. Unidad en lo interno y trabajar en una propuesta extraordinariamente audaz de cooperación antidrogas con Estados Unidos.

Eso no lo va a lograr el actual gobierno, pues lo suyo es dividir a los mexicanos, enemistarse con otros países, y además perdió la confianza de los vecinos del norte, incluidos los demócratas.

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