Entre la descalificación y la paranoia

Menuda discusión se ha armado en torno a la convocatoria de la llamada “marea rosa” a una nueva concentración el próximo domingo.

Será la cuarta movilización de esta serie, aunque esta tiene una característica particular, rebasa su carácter ciudadano y se decanta por sumar a la defensa de las instituciones democráticas el apoyo a Xóchitl Gálvez para la Presidencia de la República.

Hay quien quiere ver en todo esto una secuela mecánica de noviembre de 2022 a la fecha, haciendo parecer que todo estaba planeado desde aquellas fechas para desembocar ahora, a 19 días de la jornada electoral, en un acto partidista. Quisiera conocer al genio que pudiera programar algo así.

Sin duda hay un común denominador en este conjunto de movilizaciones y yo diría que es una declarada preocupación por el estado que guarda nuestra democracia y el Estado de derecho, y por lo mismo una crítica a la conducción del actual gobierno sobre temas de derechos, atentado contra las instituciones autónomas y claras tendencias hacia un retroceso político que pareciera pretender reconstruir el viejo presidencialismo autoritario.

Hay muchas evidencias sobre ello que se han acumulado en los últimos seis años y sin duda una reciente es el intento de silenciar a una voz crítica como la de María Amparo Casar, haciendo uso abusivo e ilegal de los recursos del Estado, transgrediendo normas en materia de transparencia y los más elementales derechos y leyes.

Pero vayamos por partes, la concentración de noviembre de 2022 tuvo como demanda la defensa del INE (como consigna: “El INE no se toca”) ante el riesgo de la aprobación de una reforma político-electoral propuesta por López Obrador que pretendió restringir atribuciones del órgano electoral y atentar contra su autonomía e independencia. Sin duda, aquel evento desbordó con mucho la expectativa de los convocantes, no solo por los cientos de miles que se congregaron en el monumento a la Revolución de la CDMX y en decenas de ciudades del país y el extranjero, sino además por lo orgánico y diverso de la respuesta.

Los partidos políticos de oposición tuvieron que replegarse y desdibujarse ante la solicitud expresa de respetar el carácter ciudadano manifestada por diversas organizaciones convocantes ajenas y recelosas de los mismos. Aquella concentración tuvo en José Woldenberg, único orador, a un símbolo de la transición democrática y quien dio contenido a la pulsión social que impulsó a que mucha gente tomara las plazas.

Tres meses después se convocó a la segunda concentración, sumando a la demanda de la anterior la consigna de defender al Poder Judicial ante las amenazas reiteradas del Poder Ejecutivo en contra de sus integrantes, en particular en contra de los ministros de la Corte, y ante el anuncio de una reforma que por la vía de elecciones directas restaba independencia, especialización y profesionalismo a los responsables de impartir justicia.

Menudo atrevimiento de los organizadores, a pocas semanas de la primera concentración convocaron a tomar el emblemático Zócalo capitalino. El reto era lograr que la participación no disminuyera y conservar el carácter orgánico y ciudadano de la misma, una vez más los partidos políticos y sus principales figuras tuvieron que aceptar ocupar un segundo plano.

La respuesta a esta segunda convocatoria fue exitosa y una vez más la ciudadanía tomó las plazas de diversas ciudades de la República y encontró en el ministro Ramón Cossío una voz que con claridad expuso la relevancia de defender al Poder Judicial como parte de esa tríada que permite el equilibrio de poderes y condición para preservar la vida democrática.

Un año después, en febrero de este 2024, de nuevo la “marea rosa” se desplegó y la demanda de respeto a la democracia y a los derechos políticos fueron los motivos centrales de la convocatoria. Correspondió a Lorenzo Córdova ser el único orador y hacer referencia enfática a los riesgos que amenazan a las libertades y derechos. El Zócalo se volvió a llenar y los partidos políticos tuvieron que conservar, al menos a la vista, su distancia.

Hasta aquí un breve repaso de 15 meses de movilizaciones ciudadanas que congregaron a diferentes sectores, desde la izquierda democrática hasta las diversas expresiones de las derechas, que lo que tienen en común es una percepción de deterioro social en temas que van desde inseguridad y políticas de gobierno para atender problemas de salud, educación, diversidad, medio ambiente, transparencia, Estado de derecho, hasta un errático, por decir lo menos, manejo en la atención de las violaciones a los derechos de las mujeres.

Como ya mencioné, los partidos políticos estuvieron desdibujados en esas movilizaciones, aunque no ausentes, y sin duda entendieron el carácter “ciudadano” que en buena medida explica la candidatura de Xóchitl Gálvez, quien, entre las diversas opciones para contender desde la oposición a la Presidencia de la República, fue la figura menos partidista.

Creo que no es exagerado afirmar que en esta ocasión la sociedad civil —lo que esto signifique— se impuso a los institutos políticos, lo que no necesariamente se tradujo en una campaña orquestada en torno a un eje articulador sobre el cual se condujeran las diversas postulaciones. Hemos sido testigos de no pocos ejemplos de desavenencias entre la candidata y los líderes de los partidos.

Sin embargo, la realidad se impuso y si lo que congregó a multitudes a las tres marchas fue la inconformidad con el actual régimen, esta tiene como desembocadura legítima el apoyo expreso de las organizaciones de la “marea rosa” a una candidatura que ofrece un cambio frente a la continuidad de las pulsiones autoritarias.

Difícil pensar que todo estaba diseñado desde finales del 2022 y más bien creo que, además de los motivos referidos previamente, la descalificación sistemática a las oposiciones por parte de la 4T, las ha llevado a una convergencia electoral.

POSDATA: El ejemplo más claro y reciente de lo anterior es cuando el presidente de la República califica a los “chilangos” como conservadores y aduce para ello que “viven bien”. ¿Qué no el llamado a “primero los pobres” tenía como finalidad elevar su nivel de vida? Y sí, señor presidente, eso también pasa por elevar el nivel de exigencia y criticidad.

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