Exporta EU la cultura de las armas

Cada enero, durante varios días, unos 52 mil fabricantes, distribuidores y fanáticos de las armas llenan un centro de convenciones en Las Vegas. Acuden de todas partes del mundo para la expo anual Shooting, Hunting and Outdoor Trade Show, más conocida como SHOT Show. Esta es la feria más grande del mundo para la industria de las armas y los productos de caza. Es una fiesta, pero también una exposición comercial.

En este bullicioso laberinto que alberga a más de 2 mil 500 expositores hay una serie de espacios más tranquilos, incluido uno llamado Centro de Comercio Internacional. Carece del brillo de la mayoría de las otras atracciones del SHOT Show, pero para la industria de las armas de fuego de Estados Unidos es una puerta vital para vender más allá de las fronteras. En el interior, los compradores extranjeros pueden cerrar acuerdos con los fabricantes y hay un grupo de intérpretes que ofrecen servicios de traducción sin costo. La National Shooting Sports Foundation (Fundación Nacional de Deportes de Tiro o NSSF) es la asociación gremial que dirige el SHOT Show, pero se trata de una operación del Departamento de Comercio de Estados Unidos (DOC, por sus siglas en inglés). En 2013, el DOC acordó comenzar a recibir a personas de todo el mundo en el SHOT Show como parte de su Programa para Compradores Internacionales, una estrategia para impulsar las exportaciones de diversos productos estadounidenses mediante la promoción de ferias comerciales al interior del país.

La NSSF consideró la medida como un paso “crucial” en un plan plurianual para hacer negocios en el exterior. En 2014, el primer año en que ambas instituciones hicieron esta mancuerna, el Servicio Comercial Exterior del DOC, que opera desde las embajadas y los consulados, atrajo a 370 compradores al SHOT Show. En enero de 2023, ese número había crecido a más de 3 mil 200.

La red global de empleados del Servicio Comercial Exterior se ha convertido, en la práctica, en una especie de agencia de viajes del SHOT Show. “La asistencia que recibimos del Departamento de Comercio, especialmente en el SHOT Show, es invaluable”, dice Luis Guerra, fundador y director ejecutivo de Armaq SA, un importador y vendedor de armas peruano. “No se puede estar en este negocio sin esa ayuda”.

En los últimos años, los empleados del Servicio Comercial en el extranjero han organizado viajes grupales a Las Vegas desde Sudamérica, África, Asia y Medio Oriente. En entrevistas, los invitados detallaron cómo esos funcionarios reservaron vuelos y hoteles para minoristas guatemaltecos, consiguieron boletos del Cirque du Soleil para importadores brasileños y organizaron citas románticas para compradores peruanos, entre otras gestiones. Los fabricantes estadounidenses de armas y los cabilderos completan la cuota de asistentes extranjeros con activistas e influencers. La NSSF les ofrece a todos sesiones de capacitación sobre cómo trabajar las redes sociales e iniciar campañas por el derecho a portar armas.

No está claro cuánto tiempo y dinero gasta el DOC en actividades relacionadas con el SHOT Show cada año. Cuando el Departamento de Comercio se negó a entregar los registros de gastos en respuesta a solicitudes de transparencia, Bloomberg News presentó una demanda en mayo para obtener acceso a la información; la demanda está en curso.

Esta colaboración entre el DOC y el SHOT Show ha sido particularmente exitosa en América Latina. En Perú, un grupo de cabilderos a favor de los derechos de los cazadores pasó casi una década asesorando y financiando al proponente que ayudó a moldear la legislación sobre derechos de armas a imagen de las leyes estadounidenses. En Brasil, a partir de 2015, activistas y cabilderos estadounidenses cultivaron vínculos con un legislador poco conocido llamado Jair Bolsonaro. En enero de 2019, Bolsonaro fue investido Presidente y, dos semanas después de prestar juramento, comenzó a abrogar las restrictivas leyes sobre armas del país, abriendo de golpe uno de los mercados potenciales más grandes del mundo. Las ambiciones y la retórica a favor de las armas de los legisladores populares en Argentina, Colombia y Ecuador también pueden atribuirse a los vínculos con Estados Unidos.

Ha habido reveses. En Brasil, el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva restringió de nuevo la tenencia de armas; en Perú, los envíos de armas de fuego se suspendieron después de que el Departamento de Estado de EU expresara su preocupación por disturbios civiles y posibles violaciones de derechos humanos. No obstante, la eclosión de la cultura de las armas “a la americana” presagia un cambio en el sentimiento de los votantes y una mayor tolerancia general hacia las armas de fuego. El número de legisladores pro armas en el Congreso de Brasil ha aumentado a más de 100 desde principios de la década de 2000, cuando Bolsonaro era el único diputado que hacía de la agenda pro armas su prioridad.

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En 2014, el primer año en que el DOC se asoció con el SHOT Show, Thomas Saldias, un cazador de aves de Perú, aprovechó la ocasión para anunciar un nuevo grupo de cabildeo a favor de las armas: la Coalición Armas Legales Latinoamericanas (CALL). La propiedad de las armas de fuego en América Latina “se encuentra bajo un ataque coordinado”, dijo Saldias en un comunicado emitido antes de una conferencia de prensa. Los activistas deben unir fuerzas, decía el comunicado, para luchar contra las amenazas a la tenencia legal de armas de fuego impulsadas “por organizaciones internacionales bien financiadas”. Sus palabras de ese día habían sido cuidadosamente revisadas por otro tipo de organización bien financiada: Safari Club International, la aliada de la NRA (National Rifle Association of America) que le había enseñado a Saldias el arte de ejercer presión contra el control de armas, al estilo estadounidense. Hoy, Perú tiene algunas de las leyes sobre armas más permisivas de América. En una nación flagelada por una historia de golpes de estado, narcoterrorismo y crímenes violentos, la liberalización de las leyes sobre armas ha marcado una victoria sustancial para la industria.

Saldias tenía poco más de 30 años en 2005, cuando fue a la Universidad de Texas A&M para estudiar un doctorado en ciencias de la vida silvestre. La cultura de la cacería que vio en Estados Unidos (regulada y con acceso a millones de hectáreas de parques nacionales) lo asombró, soñaba con llevar esa forma de vida al Perú. Escribió al Safari Club pidiendo ayuda y rápidamente recibió una llamada de Norbert Ullmann, director de la división internacional de la organización.

Saldias dice que su formación en el arte estadounidense del cabildeo se dio más tarde con un viaje con todos los gastos pagados a Washington para la convención anual del Safari Club. Una mañana, Ullman lo invitó a unirse al grupo en una visita al Congreso. Observó cómo los voluntarios se dispersaban por el Capitolio, llamaban a las puertas de los legisladores y les pedían que apoyaran un cambio regulatorio. Saldias no recuerda de qué normativa se trataba, pero recuerda su asombro ante lo efectiva que podía ser una campaña de presión desde las bases. “Simplemente no teníamos esa costumbre en Perú”, dice.

Saldias empezó a tocar puertas. Las elecciones presidenciales de Perú de 2011 fueron ganadas por Ollanta Humala, un comandante de tendencia izquierdista que quería combatir el crimen prohibiendo buena parte de la posesión de armas. Para entonces, Saldias era el representante del Safari Club en América Latina, un puesto voluntario con una pequeña remuneración. Cosechó varias victorias legislativas, primero ayudando a persuadir a los legisladores del Congreso peruano para que ampliaran el derecho de posesión de armas, luego presionando para abrir el mercado a calibres más altos y diferentes tipos de armas. Los civiles sin antecedentes penales ahora pueden comprar prácticamente cualquier nivel de potencia de fuego que quieran en Perú, salvo una ametralladora. “Sin duda, aprendió lo esencial en Estados Unidos e introdujo esta actitud estadounidense en Sudamérica”, dice Ullmann, quien ya no está en Safari Club.

La Coalición Armas Legales Latinoamericanas se hizo internacional en aquella conferencia de prensa en el marco del SHOT Show 2014. Luego, ese junio, en un escenario verdaderamente global: las Naciones Unidas en Nueva York. Saldias testificó en la reunión bianual del programa de la ONU para combatir el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras.

Fue Baranowski quien más tarde habló ante la junta de la NRA sobre la diplomacia silenciosa de la organización. “Si bien nuestros esfuerzos a menudo quedan en la sombra”, dijo, según las actas de la junta publicadas como parte de un caso judicial, “nuestros resultados… pueden verse y escucharse en todo el mundo”. Uno de sus mayores éxitos, les dijo, fue persuadir al Presidente Donald Trump para que se retirara de un tratado de la ONU que regula la venta de armas pequeñas.

Para demostrar cuánto arraigo ha ganado la cultura de las armas en Perú, Saldias refiere que este agosto la Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad, Armas, Municiones y Explosivos de Uso Civil (Sucamec) propuso limitar el derecho a la posesión de armas. Tan pronto lo supo, Saldias comenzó a hacer llamadas telefónicas y consiguió que los importadores de armas peruanos le financiaran un viaje a Lima, allí pasó dos semanas cabildeando en el Congreso y logró que la propuesta fuera desestimada antes de que pudiera tomar fuerza. “No necesité la ayuda del Safari Club esta vez, ya sabía qué tenía que hacer”, apunta.

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El SHOT Show, por supuesto, no es la única feria con la que trabaja el DOC. El Programa para Compradores Internacionales atrae a miles de profesionales extranjeros cada año a una variedad de eventos para industrias tan diversas como la del hormigón, los equipos dentales y la electrónica. Pero ninguno de ellos combina los negocios con el activismo político como lo hace el SHOT Show. La ley federal estadounidense prohíbe a los empleados del gobierno utilizar su puesto para favorecer a candidatos específicos o a un partido político, pero es difícil argumentar que el SHOT Show no es un evento partidista. La NSSF, cuyo gasto anual en cabildeo supera al de la NRA, ha dicho que el SHOT Show le genera más del 75 por ciento de su presupuesto anual.

La NSSF contribuyó a las campañas de 256 candidatos nacionales en el ciclo electoral 2021-2022… Y solo cuatro eran demócratas.

Mientras la Asociación Nacional del Rifle se ha presentado históricamente como la voz de los propietarios de armas, la NSSF representa a las empresas. Encontrar nuevos clientes es una parte clave de su misión. Su proyecto Big City Tours tenía como objetivo impartir seminarios en las ciudades para promover la posesión y portación de armas; su iniciativa +One Movement pedía traer a un amigo al campo de tiro; y materiales de marketing como un artículo titulado “Not Just Pink Products” ofrecían consejos sobre cómo conquistar a las mujeres. En un estudio de 2020, la NSSF publicitó el éxito de tales esfuerzos: un aumento interanual del 56 por ciento en las compras de armas entre los afroamericanos, así como 8 millones de compradores que adquirían un arma por primera vez. Las mujeres representaron el 40 por ciento de todas las ventas.

Pero la búsqueda de compradores internacionales fue diferente. Las estrictas regulaciones significaban que los fabricantes estadounidenses no podían simplemente exportar armas de la misma manera que despachaban, por ejemplo, autopartes o papel higiénico. Durante décadas, casi todas las armas vendidas en el exterior estaban sujetas a los mismos controles de exportación que el equipo militar sensible. Miles de artículos figuraban en la llamada Lista de Municiones, que requería la autorización del Departamento de Estado para cada licencia de exportación, exigía notificar al Congreso sobre acuerdos por valor de más de un millón de dólares y establecía límites al intercambio de tecnología.

La administración Obama propuso revisar la Lista para liberar recursos del Departamento de Estado y reducir la burocracia para las empresas estadounidenses. El Departamento de Estado seguiría supervisando los productos pesados y altamente mortíferos (misiles propulsados por cohetes, lanzallamas, aviones de combate y submarinos), mientras que el Departamento de Comercio regularía todo lo demás, desde gafas de visión nocturna hasta piezas para satélites. Kevin Wolf, subsecretario de Comercio para la administración de exportaciones de 2010 a 2017, fue el responsable de determinar en qué categoría se clasificaría a las pistolas y los rifles.

Wolf es un pragmático abogado que ha pasado su carrera entre escritorios gubernamentales y bufetes jurídicos privados. “Cuando llegué, como agencia de control de exportaciones, pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo revisando y aprobando piezas para enviar a los aliados. Todos nuestros recursos se iban en aprobar cosas que habíamos estado aprobando por décadas”, dijo en entrevista.

En su proyecto de decreto, Obama dejó el requisito de notificar al Congreso antes de autorizar grandes envíos de armas. El Departamento de Estado también conservaría el poder de veto. La administración Obama se disponía a proponer formalmente el cambio de supervisión de las armas de fuego cuando, el 14 de diciembre de 2012, un hombre armado de 20 años entró en la escuela primaria Sandy Hook en Connecticut y asesinó a 26 personas, 20 eran niños. Nadie quiso mover más el tema, recuerda Wolf, por lo que guardó la propuesta en una carpeta amarilla en una estantería en el Departamento de Comercio, donde permaneció hasta que terminó el mandato de Obama. “Simplemente lo dejé al final de la lista”, dice Wolf. “Pensé: ‘Bueno, tal vez, ya sabes, si Hillary gana, lo retomamos’”.

Hillary Clinton no ganó la presidencia y la toma de posesión de Trump, el 20 de enero de 2017, coincidió con la edición anual del SHOT Show, donde él había sido conferencista el año previo.

A lo largo del centro de exposiciones se instalaron pantallas gigantes para transmitir la ceremonia de investidura, la multitud vitoreaba.

Wolf pasó a ser consultor jurídico en el bufete de abogados Akin Gump Strauss Hauer & Feld, y Larry Keane, el principal cabildero de la NSSF, pronto lo contrató como asesor estratégico. Wolf dice que todavía cree que cambiar las facultades de supervisión y regulación hacia el Departamento de Comercio fue la decisión correcta, principalmente porque ese departamento tiene más recursos y porque las solicitudes de licencias de exportación tramitadas por el DOC desencadenarían notificaciones entre múltiples agencias. Comenta que le molestó cómo la Administración Trump promocionó el cambio como una forma de impulsar las exportaciones de armas, pero no tuvo voz sobre el decreto final. “Ya no era mi trabajo”, afirma. Wolf, que no es cabildero, dice que brinda consultoría jurídica a cientos de clientes, principalmente en materia de semiconductores. “No trabajo para la industria de las armas más allá de responder las llamadas de Larry, que me pide ideas y consejos”, refiere. Larry Keane declinó comentar para este artículo.

Cuando finalmente entró en vigor el traslado de potestades del Departamento de Estado al de Comercio, en marzo de 2020, la NSSF se apresuró a alertar a sus miembros. Keane lo calificó como un “hito crucial” para los fabricantes estadounidenses. La medida eliminó la notificación al Congreso; recortó drásticamente los aranceles, lo que animó a decenas de pequeñas empresas a saltar al mercado global; y eliminó el requisito de autorización para cada pedido, lo que redujo a más de la mitad el tiempo necesario para obtener una licencia de exportación. La NSSF comenzó a ofrecer cursos de capacitación sobre el nuevo régimen en el SHOT Show. Por 150 dólares, los aspirantes a exportadores pueden acceder a un webinar en la página de la NSSF en donde el propio Wolf explica el sistema.

El anhelo de la industria de conquistar los mercados internacionales finalmente estaba listo para cristalizarse. Desde marzo de 2020 a junio de 2021, el DOC autorizó licencias de exportación de armas de fuego por valor de casi 16 mil millones de dólares, un aumento del 30 por ciento con respecto a los promedios históricos, según estimaciones del Congreso.

Joe Biden no ha endurecido los requisitos de licencias de exportación, aunque su administración ha restablecido parcialmente el requisito de notificar al Congreso para algunas armas semiautomáticas. “La política exterior estadounidense se ha centrado mucho más en la economía”, apunta Jon Michaels, profesor de la Facultad de Derecho de UCLA que ha escrito extensamente sobre la relación entre el gobierno y la industria privada. A Michaels le asombra la inacción de Biden: “Su Administración tiene muy pocos mecanismos para regular las armas, muy pocos grifos que cerrar, y uno obvio es endurecer los requisitos para exportación”.

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